Me preguntabas que cómo llevaba mi blog, y yo te respondía que “algo abandonado”. Ahora con este espacio idílico y con eso que los ingleses llaman free time he decidido llenar este vacío.
Aire que huele a puro y acaricia mis cabellos, capa de orballo sobre la hierva que moja mis zapatos. Pasear por las calles mojadas del casco antiguo, donde hace unos años me comía mis cañas rellenas de crema de la “Santos”; aún recuerdo ese sabor inconfundible. Hoy el Alvariño y las tapas en compañía de mis padres sustituyen a las cañas de crema pastelera. Me dejo deslizar por la Praza do Campo, se respira aire de fiesta ; pues éste es el punto de encuentro de la gente joven y no tan joven en las fiestas de San Froilán y en el Arde Lucus. Mis ojos se detienen en el escaparate de la derecha y miran con cara de deseo a la merluza, las cigalas y el entrecot; estamos delante de O Campo uno de los mejores restaurantes de la ciudad amurallada. Sin embargo, pronto mi mirada se dirige hacia el bar de la izquierda. Sonrisa inconfundible de aquel chico por el que perdía la cabeza cuando tenía quince años. Nos saludamos – hace cuatro años que no nos vemos -, nos fundimos en un fuerte abrazo y decimos eso de: “¡ Cuánto tiempo!”. Charlamos sobre cómo nos va la vida, al calor de esa chimenea que hace del local un lugar muy acogedor. Con la compañía de un ron con cola seguimos hablando y pronto, con los ojos chispeantes, nos damos cuenta de que el tiempo se ha detenido: nos encontramos en el año 2006 cuando yo era una cría y él se preocupaba por mí cada noche que salía de fiesta.
Camino por la Rúa Nova gente que va y viene; unos en las tascas con su vino y su tapa, y otros con sus copas en los pubs, caras conocidas a las que saludo, gente que hace años que no veo, y me emociono al encontrarme con ellos. Entro en mi segunda casa, todos son abrazos, risas y complicidad. De una barra a otra saludando a los niños: una se acuerda de todos los momentos que pasó allí con los que están y con los que ya no, y todo parece como hace cuatro años.
Volver al hogar, a mi pueblo, a mi ciudad; el abrazo de mi padre, la comida de mi madre, la sonrisa de mi hermano, la sobremesa con mis abuelos, el café con mis amigos... Cada detalle, cada gesto, cada mirada que antes apenas significaba nada, ahora forman parte de un todo, de la morriña, del recuerdo y en definitiva de ese VOLVER.
Y lo bonito que resulta eso de volver después de tanto tiempo.
ResponderSuprimirUn besazo enorme amiga. =)
Volver, siempre.
ResponderSuprimirYo sigo comiendo cañas rellenas de crema...
Ja ja ja yo también las como alguna que otra vez. Muchas gracias a los dos!!!
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