viernes 22 de enero de 2010

MANIFESTACIÓN CONTRA O DECRETO DO GALEGO

Onte Galicia berrou alto e claro, como o fixemos no seu día polo Prestige. Onte, os Galegos e galegas demostrámoslles os que mandan que a nosa lingua é nosa en non deles. Non queremos o novo decreto do galego e o que si que queremos é que deixen de politizar a nosa lingua, que deixen de buscar enfrontamentos onde non os hai.

Galicia non se entende sen todos os galegos e galegas, sen aqueles que nos visitan, sen as muiñeiras, o pulpo a feira ou o lacón con grelos. Galicia non se entende sen a súa cultura e sobre todo sen o seu idioma: o galego. Ninguén nos vai quitar o que é noso e onte demostrámolo, sairemos a rúa tantas veces como sexa necesario e berraremos, coa gorxa ben aclaraeda, que o galego é noso.

jueves 24 de diciembre de 2009

Otra Navidad

Navidad, blanca navidad. De momento la mía, sí, es blanca; lleva varios días nevando y parece que el mal tiempo no nos va a dar una tregua por Noche Buena – en realidad, ahora, por mi ventana resbalan tímidas gotas de lluvia -.

No soy muy amiga de la navidad, creo que a mi familia en general no le hace mucha gracia la navidad. Cuando era pequeña sí que me hacía ilusión la navidad: la carta a los reyes magos, la familia reunida, el árbol, el belén, la cabalgata de reyes … ¡Qué poco queda de esas navidades!. Creo que desde que dejé de creer en los Reyes Magos, la navidad ya no ha vuelto a ser igual. Con ocho años, me dieron la gran patada en el corazón. Yo, casi siempre andaba con gente mayor – mi hermano me lleva siete años . En una de nuestras quedadas yo estaba toda ilusionada contando lo que iba a pedir para reyes, cuando derepente un amigo mío me dijo – mirándome fijamente a los ojos - : “Tamara los Reyes Magos no existen, son tus padres”. Esa información entró en mi cerebro, como una llama que me quemaba por dentro, ¡qué horror!, no me lo podía creer; en tan solo un segundo se habían acabado las cartas los Reyes, colocar el zapato con la comida debajo del árbol, el despertar a mis padres gritando el 6 de enero por la mañana para ir a por los regalos…. Ahora el día 6 de enero, ha pasado a ser un día de resaca en el que es mi madre la que me despierta a gritos a las dos del mediodía para que me levante de la cama, la comida está lista.

Estas Navidades son algo especiales, no sé si para bien o para mal, tampoco me importa. Esta noche en la mesa ya no seremos 13, sino 6 – mis padres, mi hermano y mis abuelos – , los tradicionales centollos que tanto le gustan a mi tío ya no estarán en esta mesa, la de mi casa, quizás en la suya sí. Por la tarde, nos espera unas cuantas horas de cocina, una buena comida con un buen albariño y champagne no pueden faltar en mi mesa. Con el discurso del Rey – que este año, tendré que aguantar puesto que comemos con el invento favorito de muchos españoles, la televisión – empezarán las conferencias con la ciudad condal, yo me voy a poner en modo “no disponible”.

En realidad es que mi familia es especial con/para la Navidad. En mi casa, la familia no se junta en Noche Buena, sino en Noche Vieja – abuelos, padres, tíos /as, nietas /o , por parte materna - ; los regalos, no se dan en reyes, se dan en Noche Vieja… y un sin fin de costumbres “raras” de la familia Ingerto. Noche Vieja, sí, me voy a adelantar y hablar de esta noche, porque casi es la única que considero Navidad. Como ya os conté antes, este día la familia Ingerto se junta al completo – este año toca en Pedrafita, en mi casa -. Las llamadas empiezan unas semanas antes: toca pensar qué regalos se van a hacer – las pequeñas gotas de lluvia de esta mañana, se han convertido en copos de nieve a las 16:19 - . Luego el menú, mi madre ya lleva unos días pensando en qué hará de comer. Casi se me olvidaba, los vestidos y las entradas para pasar la gran noche. Ésta, es tarea de las más jóvenes de la casa: llamada va llamada viene, bolsas, compras … Por fin llega la cena; cada tía que llega, lo hace cargada con una bolsa y uno piensa: ¿ cuál será la mía? , entre el postre y las uvas se resuelve el enigma. El momento de las campanadas es otro de los míticos en la vida de un Ingerto: mi padre a las 00.00, ya lleva una hora de sueño y tres o cuatro uvas comidas. Mis tías y mi prima la pequeña, empiezan a comer las uvas y a troncharse, con lo cual difícilmente terminan las 12 al tiempo que finalizan las campanadas. Los demás nos afanamos en competir por ser el primero en terminar la copa con 12 uvas. Y… llega el tradicional brindis entre sonrisas y lágrimas, producidas por las carcajadas anteriores.

Hoy es 24 de diciembre de 2009, el timbre lleva sonando todo el día y parte de las jornadas anteriores: regalos y felicitaciones. El teléfono, no deja de sonar. Así que para no romper la tradición, Feliz Navidad a todos/as lectores habituales de “Anacos”. ¡Bo Nadal!

lunes 9 de noviembre de 2009

20 años sin el muro, 20 años de libertad

Hoy es uno de esos días difíciles de olvidar, se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín. Yo, como muchos jóvenes, a penas recuerdo nada de esos días, puesto que sólo tenía unos meses de vida. Así que me tocó conocer esta parte de la historia a través de los libros, periódicos, e imágenes de archivo que retengo en mi retina.

El viernes, de camino para casa, escuchaba la radio, Onda Cero. Algún tertuliano definía al Muro de la Vergüenza como: el mayor experimento sociológico de la historia; divide una ciudad, un país, un mundo, dos ideologías a través de un muro de hormigón, quítalo 28 años más tarde, y observa lo que ha pasado en una parte y en la otra. Bueno esta, simplemente es una de las muchas definiciones que se podrían dar. Lo importante de dicha definición, es que durante 28 años se dividieron familias, una ciudad, un país, Europa, y en definitiva dos mundos, mediante un muro de hormigón, frío, que mejor que nada reflejaba el clima en el que se vivía; la Guerra Fría.

Pocos se podían imaginar, en los días previos al 9 de Noviembre de 1989, que la URSS caería de un plumazo con la caída de aquel muro. Cómo se explica que uno de los actores principales de la escena internacional durante cincuenta años, desapareciese de la noche para la mañana. Muchos hablan de la Perestroika, de la glasnost, y en definitiva de un hombre Mijail Gorbachov, pero a mí me gusta más hablar de los ciudadanos de ese otro mundo, de la otra mitad de Europa que era la URSS. No es mi propósito, quitarle méritos a Gorbachov, que por supuesto los tiene; él, con sus medidas, fue el encargado de preparar a la Unión Soviética para el cambio. Pero no fueron los políticos los que derrumbaron ese muro, fueron los ciudadanos de uno y otro lado. Cierto es, que la crisis económica que vivía la URSS a finales de los 80, y las nuevas políticas ayudaron a una cierta apertura y a un mayor descontento por parte de la población, que pedía una mayor libertad, y un mayor reconocimiento de lo derechos que tenía cada república, sin embargo, el Estado Soviético, era un rígido Estado unitario y centralista de apariencia federal bajo la férrea disciplina del Partido comunista, que mantenía, bajo sus fronteras, un amplio número de pueblos con distintas culturas y lenguas.

Ayer en televisión, escuchaba el testimonio de un joven que el nueve de noviembre – antes del permiso que permitía atravesar las fronteras de la RDA por parte del gobierno – le preguntaba a un guardia en la frontera entre la RFA y la RDA: “¿puedo pasar?”. El guardia le contestaba que sí, pero que no podría regresar. El joven pensó “que mas da”. Esa es la clave “que más da”, muy pocos quería vivir ya en la RDA: las migraciones hacia los países vecinos eran continuas, hasta el punto de que Polonia decidió cerrar la frontera. Por ello, mientras los políticos no se decidían a dar un paso definitivo, debido a las consecuencias, la población sí, y esto hizo que se acelerase el proceso que algún día había iniciado Gorbachov con la Perestroika.

Aquel 9/11/89, un fallo del ministro de propaganda de la RDA, Günter Schabowski, en el que anunciaba ante los medios de comunicación, que todos los ciudadanos de Alemania del Este, podrían cruzar a partir de media noche la frontera por cualquier punto. Así fue, como los ciudadanos de Berlín del Este, acudieron a los pasos fronterizos para pasar al otro lado del Muro. La incertidumbre reinó en los primeros instantes: los guardias no tenían orden alguna de abrir las fronteras, pero la gente que allí se agolpaba repetía las palabras del ministro. Finalmente, las puertas se abrieron y los alemanes de la parte oriental, pudieron ver por fin que escondía ese muro, pisar suelo occidental, pasar hacia el otro lado, sentir la libertad, oler el capitalismo… y todo sin derramar ni una gota de sangre. Quizás detrás de las palabras de Gorbachov, en las que afirma que “nadie habría disparado”, se encuentra esa sensación de que era inevitable que esto pasase, de que era el pueblo el que los pedía a gritos.



La caída del Muro, supuso la caída de un gigante: La URSS, de un sistema; el comunismo, el fin de un mundo bipolar, dando lugar a uno multipolar, el fin de una etapa; la guerra fría. Además, supuso el nacimiento un nuevo país, un actor fuerte a nivel internacional: Alemania. Con la unificación de este país, vino también una mayor unión de Europa, porque como bien dice Helmut Kohl – ex canciller alemán-, “la unificación europea y la unidad alemana son las dos caras de la misma moneda”. Pero no todo fue bueno en este proceso, y una de las causas es quizás la rapidez con la que sucedieron los acontecimientos. Por un lado en las ex repúblicas soviéticas persisten los problemas de carácter político cultural, con continuas guerras. Rusia quiso sustituir a la Unión Soviética, como padre de todas estas repúblicas, y como pieza clave del juego internacional con las pretensiones de antaño: las armas nucleares, a través de un órgano como es La Comunidad de Estados Independientes, intenta dominar a estas repúblicas ex soviéticas y alejarlas cada vez más de occidente, pero no lo consigue. Por otra parte, la caída del sistema soviético, nos ha dejado bajo un único sistema económico: el capitalismo, para el que parece no haber alternativas, según nuestro políticos; pero el caso es que es un sistema cada vez más agresivo: nos lleva a crisis económicas mundiales cada vez en un periodo de tiempo más corto, aumentan las diferencias entre el primer y el tercer mundo, y hace que este planeta sea menos sano, importándonos bien poco a los que lo habitamos, el daño que hacemos a nuestro ecosistema.

Por último, debemos recordar que existen otras fronteras físicas en el mundo que están pendientes de derribo: la Frontera de Gaza o el Muro de Sahara. Espero que estos ojos y los vuestros, puedan ver algún día la caída de ambos y celebrar la libertad del pueblo palestino y el pueblo saharaui, así como hoy celebramos veinte años de la libertad del pueblo de la RDA.



Fuentes:

- El País.

- Suplemento “El día que cambió el mundo”, El País, domingo 8 de noviembre de 2009.

- Blanc Altemir, “La herencia soviética: La comunidad de Estados Independientes y los problemas sucesorios.

- Trabajo tipo tesis: "La Comunidad de Estados Independientes y la Unión Europea”

- Foto: Ullstein-R´hrbein

lunes 2 de noviembre de 2009

Nota de prensa

Queridos seguidores:

Hola a todos, os informo que a partir de ahora tengo un nuevo espacio en la web. Se trata de otro blog, cuya creación responde a cuestiones académicas. Así que, os dejo aquí la dirección. Espero que os paséis por él de vez en cuando.



http://losescritosdeunaaprendiz.blogspot.com/

Muchas gracias a todas y todos.

Un saludo

Tamara Raposo






miércoles 28 de octubre de 2009

Y volvimos a ser Toronto 2009

Hace unos meses, cogí la bola del mundo y la hice girar, hasta marcar un punto en el mapa: Toronto. Hacia allí me iría tres semanas. Me llevé una maleta no muy llena, para traerla cargada. Me fui como el que se va a la esquina de la calle a por pan. Tranquila, ilusionada y con dos objetivos – bueno tres no dejemos al inglés de lado - : conocer gente, y que esa experiencia fuese inolvidable. Os adelanto – mientras bostezo. Es demasiado temprano y ya llevo un par de horas en pié, buceando entre letras y escritos- que los objetivos se cumplieron.

Debo de reconocer, que al principio, Toronto, no me encantó; quizás porque le faltaba algo que para mí suelen tener todas las ciudades: una marca – entiéndase marca como aquello único que diferencia algo de lo demás – que no acababa de encontrar. Pronto, esto todo cambió – los que me conocéis ya sabéis que persigo las cosas, y no me rindo hasta que lo consigo. Así que, cuál Inspector Gadget se tratase, me puse a indagar en lo particular de aquella ciudad - . En medio de mi búsqueda, os encontré a todos vosotros: a los torontinos, a Toronto Forever, a los Rec2, a los Wey, a los de la Canadian Beer, en definitiva A los Toronto 2009, a ritmo de “Hallo”, de Beyoncé o “I gotta feeling” de Black eyed Peace. Ona, Lirios, Merche, Iñigo, Gonzaga, Felipe – o Coffee Man, como prefieras - , Álvaro (con su cartier), Miriam, Rhianna, Juanjo y Edgar… Todos nos agrupamos, en torno a un hotel, El Primrose, pero sobre todo un número, una habitación, la 607: punto de encuentro, de reuniones, de botellón, de cigarros bajo un extractor, escenario de una película, de risas muchas risas y sobre todo de fiesta. Poco a poco fuimos formando ese grupo de Toronto 2009, al que se nos fue acercando más gente, puesto que la puerta de la 607 – habitación de Iñigo y Gonzaga – siempre estaba abierta.


Nueva York, fue el clímax de nuestro viaje.Un sueño hecho realidad. Carlota me comentaba el otro día: “qué cara de felicidad que tienes en la fotos de NY”. Claro que sí, derrochábamos felicidad paseando por Manhattan, todo parecía de película, y nosotras – Mer, Lirios y yo – éramos las protagonistas. Todo era demasiado surrealista, pero por una vez era real.



La última semana, con vuestro permiso chic@s, la voy a definir como la de despedidas, la del bajón. Primero nos dejó el Coffee Man – aún recuerdo las lágrimas de Gonzaga en el ascensor, porque se iba su gran amigo Felipe. También me los imagino a los dos jugando su último partido de padel en el aeropuerto - . Luego Iñigo. De su despedida me quedo con el momento en el que le firmamos la bandera de Canadá – yo para destacar del revés. En realidad no me di cuenta deque estaba la bandera del revés, que le vamos a hacer -, o del bocadillo en el Subway – aún recuerdo su sabor, en esta mañana se otoño, aunque parezca verano -. Y finalmente nos fuimos nosotr@s – Mer, Gonzaga y Ona – mientras Lirios, Rhiana y Miriam, emprendían su viaje hacia el Canadá profundo; Quebec, Montreal y Ottawa.
Todavía recuerdo, las lágrimas que se derramaron por mi cara el último día, cuando me despedí de mi familia canadiense – ya me había acostumbrado hasta al perro: lo sacaba de paseo y todo. Pobre, recuerdo la cara de pena cuando se despidió de mí. Sabía que me iba -. Para Kelly – mi madre canadiense – fui la primera chica extranjera que acogía en su casa – “my spanish party girl”, me decía-. Para mí, fue como una segunda madre en el tiempo que estuve allí. Aquella mujer que por nada del mundo, me quería ver aburrida ni de bajón – Mer, ¿te acuerdas del día que jugó a la Play Station con nosotras?, ¡qué risas! - . Me subí a aquel taxi, que me llevaba al aeropuerto, conteniendo las lágrimas, hasta que ya me di cuenta que era cierto; dejaba Toronto y rompí a llorar. Una serie de recuerdos, vinieron a mi mente, tantas imágenes, momentos inolvidables. Después de dos horas de espera, cogimos el avión que nos traería de vuelta a casa. Caí rendida en un sueño profundo, y cuando me desperté, ya había cruzado el charco y estábamos a una hora de aterrizar en Madrid, Barajas. No quería bajarme de ese avión, no quería aparcar la historia de Toronto 2009 en el baúl de los recuerdos. Pero no había más remedio. Mi padre me estaba esperando - emocionado por volver a verme -, se fundió en un abrazo intenso conmigo. Entretanto, perdí a Gonzaga de vista. Me despedí de la pequeña Ona, y de mi querida Mer. Con un “hasta siempre”. Habíamos prometido que Madrid sería el punto de encuentro.

La maleta que se había ido vacía volvió llena – no penséis mal, sí, bueno hice compras pero tampoco arrasé con Nueva York – de amigos, historias y más historias que contar. Lo particular de aquella ciudad lo encontré: la multiculturalidad. Y lo más importante de esta experiencia: vosotros, sin vosotros no habría historia que contar ni escribir.

El reencuentro en Madrid

Dos meses más tarde – principios de octubre - , un correo de la rubia más cañera, Lirios, me da una grata sorpresa, se venía a Madrid. A partir de ahí, llegaron una serie de e-mails en cadena para prepararlo todo. A la primera que vi fue a Mer, aunque previamente en Galicia había visto a Gonzaga. Mer y yo nos vimos el mismo día que llegaba Lirios en Bilbao. Móvil en mano, apareció ella con su melena larga al viento. Nos dimos un pedazo abrazo, estábamos juntas de nuevo en Madrid. Lirios estaba inquieta: nos llamaba por teléfono. Debía de pensar que vaya anfitrionas que llegaban tarde a buscarla. El reencuentro entre las tres, fue un momento de emoción. La última vez, nos habíamos visto en un bar en el centro de Toronto y ahora estábamos en in the center of Madrid - risas -. Estuvimos, hasta las dos de la mañana recordando anécdotas. Al siguiente día, quedamos con Iñigo en Chueca, otro momento especial. Y estábamos todos, bueno casi todos faltaba Gonzaga que más tarde se reuniría con nosotras en mi casa. Tras el Escalope XL, que me costó terminar, la fiesta siguió esta vez no en la 607, sino en el salón de un número perdido del centro de Madrid. Y entonces volvimos a ser Toronto 2009. Llevábamos tres meses sin vernos, pero el tiempo parecía que se había detenido en Primrose, en aquella habitación de la sexta planta.

miércoles 21 de octubre de 2009

Vuelta a la normalidad

Martes, 20 de Octubre de 2009

Querido “Anacos” y queridos seguidores habituales, amigos, lectores… Ante todo debo pediros perdón por estos meses de ausencia.Hay momentos en la vida en los que vives el día a día, sin que te preocupe lo que va a pasar mañana, y parece que te falta tiempo para todo. Pues bien, esto es un poco lo que me ha pasado a mí estos meses y por ello he estado ausente. Bueno miento, en realidad también debo reconocer que necesitaba cierta estabilidad en mi vida; un simple momento para pensar, concentración, inspiración… Pero por fin ha llegado ese día; “Anacos”, vuelvo a ti con la misma ilusión del primer día, como una niña en su primer día de colegio tras las vacaciones de verano.


La lluvia, sí, la lluvia de este otoño o invierno que parece asomarse, me ha traído esa inspiración de la que os hablaba al comienzo de mi entrada; cosas de gallegos, estamos tan acostumbrados a la lluvia que, al contrario de lo que les ocurre a muchos de los mortales, ni siquiera nos molesta. Es más, en mi caso casi me resulta gratificante ese olor a humedad, el agua que primero te moja el pelo, luego las botas, los pantalones, y termina calándote hasta los huesos. Cristales empapados, niños que juegan en los charcos y la sirena de los bomberos sonando; algún atasco, seguro, Madrid no es ciudad para la lluvia. O eso creo. De hecho Madrid, viste mejor de sol que de lluvia.



Es martes, todavía quedan unos días para el fin de semana, pero ya pienso en él. Después de una semana de trabajo, pendiente del tic-tac del reloj, metro para arriba metro para abajo… es normal que pongamos la vista en el fin de semana. Yo concretamente, acerco mi ojo al Domingo; me encantan los domingos de Latina. Es uno de mis rincones favoritos de Madrid, el ambiente que allí se respira arranca una sonrisa de mi cara. Luce el sol, las calles están llenas, en la esquina unos chicos que parecen estudiantes, con un aire un tanto pijo, hacen botellón; al lado unos chic@s ,de los que dicen llamarse alternativos, se lian unos porros; más adelante otros con gafas Ray- Ban, adoptan la posición de vigilantes de la playa en búsqueda de alguna “niña mona”. Gente y más gente que viene y va. Me dejo llevar por la Cava Baja, hasta que me adentro en un bar repleto para tomar unas cañas; apoyados en una barra unos cuantos chicos – que lucen pajarita hecha con papel de servilleta de las de” gracias por su visita” -, ríen, canta y beben cerveza. Parecen Policías Nacionales, en prácticas destinados en Madrid, o quizás simplemente sean suposiciones mías. Detrás de la columna, unas mujeres de mediana edad ríen y saborean unos mojitos, mientras yo disfruto de mi caña, observando a mí alrededor. Saboreando esa caña, me doy cuenta de lo gratificante que resulta estar envuelta entre gente tan heterogénea, sin etiquetas. Quizás, eso, sea lo singular de La Latina, al menos para mí.

sábado 6 de junio de 2009

Querida tú:

Levo días intentando escribirte, pero no sabía cómo ni qué. En los últimos días he tenido demasiado tiempo libre y eso no es bueno; la cabeza me da demasiadas vueltas, pienso en todo. Pero fíjate, quería escribirte y no podía, había algo que me lo impedía.

La vida no me va del todo mal, aunque quizás me podría ir mejor. En el horizonte, hay nuevos proyectos. Al mismo tiempo, hay algo que me entristece y es que esta historia está llegando a su final. Claro, como tú dirás cuando leas esta carta, todo llega a su fin y así es. El punto de optimismo, está en que éste es un final abierto: to be continued.

He pasado un curso maravilloso en esta ciudad que cada día quiero y adoro más. El camino empieza en una nueva casa, que poco a poco se va convirtiendo en un hogar. La clase, la misma del año pasado: F. Bueno, casi, porque faltaba un grupo de personas a las que ya me había acostumbrado, en especial Montse. Nuestra amistad, crece día a día; se ha convertido en una parte más de mi y se que le echará de menos.

En torno a la letra F, se agrupaban nuevas caras. Una de ellas, pronto, pasaría a formar parte de mi grupo de amigos: Ana. Esa mañica, inquieta, charalatana, espontánea, sincera, insegura… pero sobre todo, buena persona y amiga. Me acuerdo como si fuese hoy, del día en que le conocí. Yo, había hecho algún comentario en clase y ella, junto con dos gallegos, se preguntaban si yo era gallega. Cuando terminó la clase, los tres se acercaron a hablar conmigo y confirmaron sus presagios. A partir de ahí vinieron: los cafés, los “pitis”, las cervezas, los trabajos en grupo, las comidas en mi casa, conversaciones, inquietudes, tardes de teatro y hasta un arroz senegalés el otro día en su nueva casa.

A Txetxu, Pablo y Loren ya les conocía del año pasado, pero fue este año cuando empezamos a congeniar. Pablo, no pasa desapercibido; sus rasgos hacen que parezca alemán – risas - . Txetxu siempre tan callado, con un libro en una mano y en la otra una libreta para escribir. Observador, de pocas, pero exactas palabras. Ambos, comparten esa faceta de observadores, de saber escuchar y sobre todo la de ser cautos. Sin duda, dos de las mejores personas que he conocido en mi vida. Los dos me han aportado mucho: Pablo ha descubierto en mí una faceta oculta, la de la fotografía. Txetxu, me ha hecho querer y conocer mucho más la literatura.

Por su parte Loren, con sus idas y venidas, sus altos y sus bajos, es el escritor por excelencia. Él, me animó a crear este espacio para desahogarme y en definitiva hacer una de las cosas que más me gustan: escribir. Este año no ha sido el mejor para él, pero cómo bien titulaba un texto que me envió “la vida continúa”. No hay que mirar al pasado, sino al presente.

Nacho, que si lee este texto ya creería que me olvidaba de él, le he conocido este año, aunque el curso pasado ya formaba parte de la letra F. Es el niño del grupo, siempre peleándonos y metiéndonos el uno con el otro. Pero tú, sabes que es desde el cariño, sin maldad, algo recíproco.

Por otro lado, tampoco quiero omitir a Ismael. Su vida si que ha dado un giro de 360 grados. Nos sorprendió, a principios del 2009, con la noticia de su boda. Y así fue, se casó en febrero. De momento le va bien, así que me alegro mucho por él

La verdad es que nunca creí que fuese encontrar un grupo de amigos así en la facultad. No sé, el primer año creí que ese grupo siempre estaría fuera, ya que no acababa de congeniar con la clase. Me alegro de que no fuese así y de que haya encontrado un grupo de personas tan importantes como lo son ellos para mí. No quiero que llegue el momento de la despedida, porque como tú bien sabes no me gustan y mucho menos me gustas los “adiós”. Por ello, llegado el momento diré “hasta luego” porque esta historia continúa.

Espero poder encontrarte algún día y entregarte esta carta en persona junto con las demás que, aguardan tu llegada en el fondo de un baúl.

Tamara Raposo, Madrid 6 de junio de 2009.